domingo, 18 de julio de 2021

Si «Vidas perfectas» fuera una serie...

¡Hola a todos! (Si es que acaso alguien realmente se pasa por aquí). Han pasado 84 años desde la última vez que actualicé este blog. No solo he estado corto de inspiración, sino que también he estado trabajando, estudiando y, la verdad sea dicha, procrastinando. Hace poco, sin embargo, mis musas decidieron regalarme un par de horas mágicas por día, lo que significa que he estado escribiendo. ¿Qué he estado escribiendo, se preguntarán? Pues la segunda parte de «Vidas perfectas». También estoy planeando otra novela que nada que ver, pero por las dudas no voy a revelar demasiado. Uno nunca sabe cuándo se le puede acabar la inspiración y quizá deje todo a medias (esperemos que no).

Cómo sea... Mi intención es retomar el blog, aunque no prometo nada, pues no soy la persona más constante del universo (para mi desgracia). Me encantaría ser capaz de hacer actualizaciones semanales de lo que sea, pero llevo un ritmo de vida que no me lo permite (ojalá el día tuviera 48 horas, honestamente). Así que he decidido no presionarme ni ponerme fechas límites y simplemente seguir actualizando cuando pueda, quiera o me entren ganas. 

Y en esta oportunidad, quiero compartir un video en el que estuve trabajando, obra y gracia de esa inspiración divina. Estoy hablando de un teaser de «Vidas perfectas». O algo más parecido a... "Cómo me imagino que sería el teaser si mi novela se convirtiera alguna vez en una serie de Netflix". No soy editor profesional, así que sepan disculpar las desprolijidades. La idea es usar mucho la imaginación y quedarse con la esencia del video. La verdad es que el resultado final a mí me gustó mucho. Y creo que a los que no leyeron todavía el libro les puede despertar la curiosidad suficiente como para que terminen comprándolo, ¿no?

viernes, 20 de noviembre de 2020

Podría ser peor

Esta es una historia corta que nació originalmente en el mundo del rol literario. Era parte del pasado de uno de mis personajes, Tristan, un pequeño Gryffindor con la capacidad de siempre (o casi siempre) ver el vaso medio lleno. Decidí editar algunos detalles y mandar la historia a un concurso. No gané, obviamente. Pero no todo en la vida es ganar (dice el Slytherin de naturaleza competitiva, ja) e igual quería compartir esto con ustedes. Si escuchan Better de Meghan Trainor antes o mientras leen, se van a poder aclimatar un poco mejor a la historia, creo que es una buena banda sonora.

Photo by Annie Spratt on Unsplash
Podría ser peor

 

Me duele la panza y tengo hambre. Ya son más de las ocho y aún no he ingerido nada desde el almuerzo. En la heladera no hay nada que pueda comer, solo dos huevos, un tomate con moho y un cartón de leche que, según la fecha de vencimiento, debería estar en el tacho de basura hace ya varios días. Podría cortar el tomate a la mitad y quedarme con la parte que aparentemente está sana, ponerle sal y darle algunos mordiscos. Pero tengo miedo de que, aunque el moho se encuentre solo de una parte, todo el tomate esté feo y luego vaya a hacerme mal.

Sé que andamos cortos de dinero, no hay que ser ningún genio para darse cuenta; pero, quizá, si papá no comprara tanta cerveza…

Sé que no debo mencionarlo. Todavía me duele la mejilla de la última vez que me pegó por decirle algo así. Se me escapó, juro que no era mi intención. A veces creo que debería quedarme callado la boca y no decir lo que se me pasa por la cabeza, incluso aunque en el fondo sepa que tengo razón. Si mamá todavía estuviera viva…

Suspiro y trato de no pensar en ella mientras me bajo de la mesada. He intentado trepar para ver si hay algo en la alacena, pero solo he dado con latas que no sé cómo abrir y que, de todos modos, contienen cosas que no podría comer sin prepararlas antes. Soy consciente de que, tal vez, debería aprender a cocinar. Pero no me animo. Tengo miedo de un día hacer algún desastre y que papá se enoje conmigo. No le gusta el desorden en la cocina, pero no parece importarle dejar toda la sala sucia, sobre todo cuando se queda viendo la televisión hasta tarde en el sillón.

lunes, 9 de noviembre de 2020

Bang, estás muerta (Parte II)

 

CAPÍTULO 1

Bang, estás muerta

 

II


Photo by Eilis Garvey on Unsplash

Nicolás Anderson observó a través de la ventanilla la tranqui­lidad de las calles que llevaba casi más de dos meses sin ver. Todo seguía exactamente igual a como lo había dejado. Las casas se­guían siendo igual de enormes y ostentosas, los jardines seguían estando cuidados con dedicación obsesiva y las personas seguían siendo igual de hipócritas. Amas de casa sonrientes que salían a tirar la basura, esposos devotos que lavaban sus autos lujosos. Escenas que transmitían una sensación de perfección que en rea­lidad no existía.

—Vamos a tener que hablar en algún momento, Nico.

Sabía que su padre lo observaba a través del espejo retrovisor, pero no se molestó en devolverle el gesto. Vio pasar a un grupo de niños que iban en bicicleta en la dirección contraria y se pre­guntó en qué momento su vida se había vuelto tan complicada. Recordó las veces en las que había deseado crecer y no pudo evitar sentirse estúpido. Si a los seis años hubiera sabido el tipo de problemas con los que se encontraría a los dieciséis, habría deseado ser un niño por siempre.

Ricardo le dijo algo más, pero a Nico lo distrajo la vibración de su celular. Sacó el aparato del bolsillo delantero de sus jeans desgastados y observó el nombre en la pantalla. Caro. Dudó unos segundos, pero rechazó la llamada por tercera vez en lo que iba del día y volvió a guardar el teléfono en el bolsillo. Sabía a la per­fección que Carolina iba a seguir tratando de comunicarse con él hasta que por fin lo lograra, por lo que no tenía sentido alguno seguir evitándola. Pero solo tenía fuerzas para lidiar con un pro­blema a la vez y su novia no encabezaba su lista de prioridades.

El auto se detuvo frente al n.º 1992 de la calle Ceibo y Nico abrió la puerta casi de inmediato. Su presencia llamó la aten­ción de Betina Ocampo, la vecina de enfrente, que había senti­do muchísima curiosidad por el paradero del hijo menor de los Anderson durante los últimos dos meses. Físicamente no había cambiado demasiado: salvo por el cabello oscuro, que ahora le rozaba los hombros, y la barba de un par de días, seguía igual. Su lenguaje corporal, sin embargo, era otro. Y Betina lo notó en la forma en que se negó a que su padre retirara su equipaje del baúl del auto por él.

jueves, 29 de octubre de 2020

Lo que callamos


Lo que callamos


Lunes. Abrís los ojos. «Cinco minutos más», pensás, pero te levantás igual. El piso está helado. En el baño, te mirás al espejo. Te gustaría decir que el fin de semana tuvo un efecto revitalizante, pero es mentira. Suspirás. Otra semana, la misma rutina. En la oficina, tu jefe te grita por un error que ni siquiera es tuyo. Los hombres pequeños tienden a hacerse más grandes a fuerza de gritos y saliva malgastada. Vos podrías hacer valer tu posición, pero perdiste la voluntad a los dos meses. Ahora ya es demasiado tarde. Absorbés los gritos, estoico. Otra semana, la misma rutina.

Martes. Abrís los ojos. «Cinco minutos más», pensás, suspiro de por medio. El piso sigue estando helado. En el baño, te mirás al espejo. Te duele la garganta. Abrís la boca e intentás ver algo. Nada. Corre el agua de la ducha y vos pensás en todo lo que falta para el viernes. «Esta fiesta recién empieza». Tu jefe no te grita y, aun así, tu día no es mejor que el anterior. En tu casa discutís con la voz anónima al otro lado del teléfono que te explica que estás pagando un servicio que no tenés. Sabes que no es su culpa, así que te tragás la ira. Y apenas es martes.

Miércoles. Abrís los ojos. «Cinco horas más, cinco minutos es poco». El piso es una fina capa de hielo. El espejo del baño te devuelve el reflejo de una persona agotada. Todavía te duele la garganta. Ahora le sumamos dolor de cabeza. Dos pequeñas desgracias por el precio de una. ¿Qué más querés? Tus nueve horas de trabajo son una tortura, pero estás contento porque esa noche ves a tu novio. Tu novio, que se pasa la mitad de la cena prendido al celular. Tu novio, que te pregunta cuándo vas a volver al gimnasio. Tu novio, que no se acuerda que ese día cumplen seis meses juntos. Te ahogás en tu propia angustia.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Bang, estás muerta (Parte I)

He aquí un pequeño preview de lo que es Vidas perfectas. ¡Que lo disfruten!

CAPÍTULO 1

Bang, estás muerta

 

I


Photo by ian dooley on Unsplash

Aquella noche de sábado, la música sonaba a todo volumen en la casa de la familia Torres, ubicada en la calle Manzanares al 1148 del exclusivo barrio privado Campos de Edén. Dentro, los adolescentes bailaban sin cesar, frenéticos, mientras el alcohol pasaba de mano en mano sin absolutamente ningún tipo de supervisión adulta. El típico calor de febrero había logrado, incluso, que los más osados se animaran a sumergirse en la enorme piscina del patio trasero en ropa interior.

Se suponía que iba a ser una noche perfecta. Y lo fue. Al menos hasta que alguien me disparó en la cabeza.

A mi cuerpo lo encontró Sabrina, mi hermana mayor. No se suponía que Sabrina estuviera en casa esa noche. Más temprano esa mañana me había comentado que se iba a juntar con algunas compañeras de la facultad de Medicina para estudiar. Tenía un final muy importante el lunes a primera hora y, obsesiva como era con sus notas, no estaba dispuesta a sacarse nada menos que un diez. Ni siquiera se imaginó, en aquel entonces, lo inconveniente que resultaría mi muerte para sus planes.

Eran alrededor de las cuatro de la mañana cuando Sabrina decidió bajar a la sala en su pijama, con los apuntes de Anatomía bajo el brazo. Se había acostado hacía apenas una hora con la intención de descansar un poco, pero la música que provenía de la casa de los Torres le impedía concentrarse. Hubiese bastado con cerrar la ventana para aislar por completo el ruido, por supuesto; pero mi hermana siempre había sido un tanto adepta al dramatismo.

¡Bienvenidos a mi blog!

Here we go again...

 

No quería hacer la típica publicación de apertura en la que básicamente les digo «Bienvenidos», «Gracias por leerme» y «Por favor comenten», pero creo que es necesario algún tipo de presentación. No puedo simplemente abrir el blog y ya, ¿no? O quizá sí. Pero yo siento la necesidad de establecer algún tipo de base, de decirles «Con esto se van a encontrar». Tal vez es más para mí que para ustedes, para no olvidarme yo de las razones por las que decidí abrir un blog... otra vez.

Quienes me conocen saben que este no es mi primer blog, aunque aquellos que tuve en algún momento se han extinguido como los dinosaurios en la era mesozoica. Y es que, para ser sinceros, en mi adolescencia y temprana juventud, la constancia no era una de mis mayores virtudes. Pero el tiempo me cambió. ¡Si hasta logré terminar de escribir mi novela, un proyecto que venía arrastrando desde hace años! Así que la idea de este blog es que haya llegado para quedarse. 

Pero, ¿con qué se van a encontrar en este espacio?